LA MONJA DE PASCO


Cuentan que al instalarse una pequeña vicaria del monasterio de hermanas en la villa de Pasco, se había amainado el espíritu levantisco, pervertido y camorrista de sus pobladores, sin embargo, pasado unos meses, retorno con más ímpetu y virulencia la indisciplina. No eran pocos los muertos que aparecían por sus calles, ni menos los escándalos cotidianos.

Apesumbrados por estos acontecimientos. Sor María de la Concepción, a la sazon, Madre Superiora del convento, juzgo que todo ocurría por falta de auxilio espiritual de un sacerdote .Los que  se encontraban en Vicco y Ninagaga, muy pocas veces asomaban por la villa.
Se encomendó al hacedor, poniendo tanta fe en sus rezos, que un día el todopoderoso  se le presento  circundando de un halo luminoso en un marco de coros celestiales.
-¿Qué deseas hija mía? –Interrogo el Supremo
-Padre mío; la perversidad se ha adueñado de este pueblo. Las gentes han olvidado tu existencia  y viven en desorden, en pecaminoso desorden.
Muchas personas mueren sin el auxilio  de un sacerdote, condenando su alma a los atroces castigos del infierno.
-¿Qué sugieres que hagamos hija, mía?
-Te pido que aplaques los apetitos pecaminosos de los hombres y mujeres dándoles la paz espiritual de tu bendición.
-¡así lo haremos, hija mía! – Y al ver que la monja permanecía de rodillas en una madre llanto y sin poder levantar los ojos, el señor, pregunto: ¿Deseas algo, más mía?
-Si, padre Aquí hay muchos individuos que mueren sin expiar sus pecados sin arrepentirse, porque se confiesan.
-¿…y?..
-Te pido que me des a mí tu humilde sierva- licencia para confesar como los sacerdotes y autoridad para poder perdonar sus pecados.
-¿Podras, hija mantener el valor de guardar el secreto de confesión?
-Si, padre-respondio Sor María de la Concepción encendida de fe y esperanza.
-Bien –dijo  el Señor- meditare sobre el asunto; entretanto, quiero que guardes esta cajita durante tres días. Contiene un gran secreto y te pido que no lo abras –Luego de pronunciar este encargo el señor desapareció.
Los primeros días, Sor María de la Concepción guardo celosamente la cajita, pero a medida que las horas transcurrían, la curiosidad le acicateaba con mas y mas fuerza. Tanto fue su inquietud y tanto su desatino que, al borde del tercer dia, abrió la cajita llena de curiosidad, y al momento, un hermoso pájaro de brillantes colores tomo los aires y se alejo por una de las ventanas abiertas al monasterio.Al momento apareció el Señor que le decía:
-¿Ves hija? Tú no puedes servir para confesora, porque aun antes de los tres días de poseer un secreto, ha parecido que te faltara tiempo para divulgarlo. Dedícate a servir a tu prójimo y deja esa misión queme pides, para los sacerdotes .Ellos sabrán mantener cerrado el cofre de los secretos.

LOS DIABLOS DE YANAMATE

Que el maligno está en todas partes y que no duerme ni de día ni de noche, bien lo sabemos. Sabemos también que en la oscuridad de la noche serrana  se presenta a los viajeros valiéndose de mil artimañas para encantarlos, darle muerte y llevarse su alma a las profundidades  del infierno. Esto es lo que estuvo a punto de sucederle a un pastor estanciero de Yanamate.

Un día que había ido al Cerro de Pasco a efectuar la compra de sus provisiones, sorprendido por una granizada inmisericorde, estuvo esperando a que la tormenta amainara por espacio de varias horas .Ya cerrada la noche, escampada la granizada, decidió marcharse de vuelta a su casa .El sabía  que allá en la soledad de la estancia, su mujer y sus hijos estarían aguardándole impacientes.

Conocedor de la ruta comenzó a caminar con pasos seguros  y confiados; pero la noche era tan negra y la oscuridad apenas si la dejaba avanzar que, cuando hallaba tragado por la negrura, ya iba a tientas, sin tener ninguna referencia de que valerse para verificar su ruta .largo rato estuvo caminando a ciegas y cansado ya del esfuerzo, se sentó sobre una roca para descansar. En eso comenzó a escuchar una música deliciosamente armoniosa y bella; cantares hermosos de voces cadenciosas y entre esta música mágica y dulce, oía las voces de unas mujeres que le llamaban insistente y cariñosamente. A punto de acudir cediendo a las llamadas apremiantes  se encontraba, cuando un trueno lejano le volvió a la realidad y desesperado comenzó a gritar encomendándose a Dios y pronunciando el nombre de su mujer ,de sus hijos y de sus perros .Pronto el terror de que era presa fue pasando cuando su mujer y sus hijos en un marco de fuertes ladridos ,le encontraron y le llevaron a su casa en donde narro lo sucedido  y, a partir de entonces ,llevaba pendiente del pecho un crucifijo de plata para salvarlo del maligno.

CULEBRAMARCA

Entre los pueblos de Huachon y Quiparacra camino de las selvas de Huancabamba, esta culebramarca, lugar donde todavía se hallan las pétreas ruinas de una antigua ciudad.Hace muchísimo tiempo, lo que hoy no es más que ruinas, era una aldea constituidas por casas hechas de piedra, en las que Vivian los pastores de lugar. Lo que en un comienzo era una aldea pacifica, muy pronto se convirtió en un lugar en el que la maledicencia y la canallada tenían preferencia.

Entre las familias que habitaban el pueblo había una que tenía una hija muy hermosa que despertaba la admiración de los mozos y la envidia de las muchachas. Muchos fueron los pretendientes que llegaron a ofrecerle matrimonio ,mas la chica , no contenta con ninguno de ellos, les negó su mano.
Los mozos que consideraban como enigma la negativa de la muchacha, comenzaron a vigilarla tratando de descubrirle algún amor secreto .Pronto que tuvieron que desistir de su búsqueda ; nada sospechoso le encontraron.mas al poco tiempo ,ante el estupor de sus padres y su incredulidad, se vio embarazada .Cuando en el pueblo se enteraron de la noticia ,comenzaron a correr voces y comentarios viles y arteros .Los ruegos y amenazas de sus padres de nada sirvieron para que la muchacha dijera la verdad, porque ni ella misma sabia. No conocía hombre ,su virginidad jamás había sido mancillada por hombre alguno, por lo que no se explicaba el cómo de su embarazo. Los padres comprensivos tuvieron que callar y avergonzados por la maledicencia del pueblo se escondieron a la espera del acontecimiento del parto.
Pasado algunos días del alumbramiento la madre que pedía con insistencia ver a su hijo ,recibió una dolorosa impresión cuando su madre, entré apesadumbrada y asustada le dijo que no era un niño el que había dado a luz como ella creía sino un par de huevos medianos y que lo mas atinado en este caso sería hacerlos desaparecer toda vez que era algo demoniaco y sobrenatural .De nada le sirvieron los llantos y los ruegos de la joven madre ya que ella misma, obedeciendo el mandato de sus padres, fue y los enterró en una cueva .
Tanto era el dolor de la madre, que diariamente iba a la cueva a llorar desesperada por los frutos de sus entrañas .
Un día que llego a la cueva, la muchacha se sorprendió mucho al ver que en lugar en el que había enterrado los huevos, se notaba la enorme boca de un agujero. No había salido de su asombro cuando oyó una voz gutural a sus espaldas :
-¡Madre, nosotros somos tus hijos!... ¡no te asombres! . Pudimos ser dos hermosos angelitos, pero la maldad de la gente del pueblo, nos ha convertido en dos culebras y ahora venimos a castigarlo… A ti ni a tus padres les ocurrirá nada, pero deben marcharse de este lugar inmediatamente, a una alta ciudad de plata, entre las lagunas, allí vivirán felices.
Al dia siguiente, después de que la muchacha y sus padres hubieron partido las culebras que habían alcanzado dimensiones descomunales, rodearon el pueblo y lo destrozaron.
Y de allí que ese pueblo quedo con ese nombre: Culebramarca.

LULIHUARMI






Como una elevada arista que tuviera por base Tapuc Rocco y Chipipata, se levanta majestuoso el paraje denominado Huampun en cuyo regazo yacen tranquilas y apretadas por un tupido cinturón de totoras, las aguas de HUACRAY COCHA la laguna eterna. Para llegar a este soledoso lugar cubierto de abundante pasto verde hay que remontar la crestería de Huampun y una vez en Huacraycocha solo la inmensa soledad lo cubre todo. Cuentan que hace muchísimos años, cuando la soledad y el silencio acunaban el sueño del pastor de ovejas que tenía por costumbre ir diariamente a este lugar, unas nubes negras y espesas desencadenaron una granizada roja, el viento recio y silbante, así broncos truenos del cielo encapotado, le hicieron despertar sobresaltado. Cuando ya se disponía a recoger su aprisco, La tormenta amaino de pronto y una calma súbita y misteriosa invadió el paraje. El mozo no se explicaba el porqué de este fenómeno y cuando levanto los ojos vio con asombro que una hermosa muchacha de pelo largo y ojos profundamente azules se acercaba a él seguido del ruido que hacían sus alhajas que pendían de sus riquísimas vestiduras. Tomando fuerza de su asombro y admiración quiso escapar, pero la hermosa mujer la detuvo diciéndole: -no te escapes. Quiero hablar contigo.
-¿conmigo?
-si
-¿Quién eres?
-Luli Huarmi
-¡Ay mamalao mama, … ¿Qué quieres pues de mi?
-Hace tiempo que vengo observándote y sé que eres un muchacho muy bueno y muy buen pastor, por eso es que quiero que seas el pastor de mis ovejas y para ello quiero contraer compromiso formal contigo.
-¿pero cómo podría aceptarle,Luli Huarmi? Yo soy muy pobre, no te merezco y usted es la sirena, dueña de la laguna.
-No importa . Yo tengo mucho ganado y juntos haremos aumentar y viviremos felices. Solo te pido que a nadie cuentes nuestro secreto.
A nadie.
-Por esa parte, descuida, niña. Yo soy sano y cuidare el secreto. Ni a mis padres les contare.
-Bien. Entonces hasta mañana en este mismo lugar y no cuentes a nadie nuestro secreto. Ahora cierro los ojos.
El pastor cerró los ojos y una fuerte lluvia, vientos y rayos se sucedieron rápidamente y cuando abrió los ojos ya la mujer había desaparecido. Su sorpresa fue mayúsculo cuando comprobó que en ese lapso habían nacido varias ovejas en su redil.
El pastor llegando a su casa guardo, el secreto no obstante las preguntas insistentes de sus padres, aquella noche no durmió presa de la emoción; y al día siguiente fue al lugar de la cita y se encontró con la bella mujer que le dijo:
-Se que has cumplido con tu promesa y que eres digno de mi amor. Ahora si vivirás conmigo. Deja tus ovejas donde están, no te preocupes y cierra los ojos.
El pastor obedeció las indicaciones de la bella sirena y cuando nuevamente abrió los ojos se encontró en el centro de la laguna, en una isla hermosa y riquísima en donde había una casa con muchos sirvientes que atendían solícitos a los menores deseos de él y de la sirena .Cuando se fijo a si mismo vio que llevaba un atuendo riquísimo lleno de oro y plata y piedras preciosas igual que la mujer rubia.
Finalizando el día, cuando ya el sol se estaba ocultando, los amantes se separaron por indicación de ella.
-mañana volverás y seremos felices como ahora. Solo tienes que guardar nuestro secreto.
Cuando nuevamente abrió los ojos el pastor estaba al lado de sus ovejas que se habían duplicado y las llevo a su casa.
Desde aquella vez, diariamente salía el pastor de su casa con las primeras luces del día y volvía rendido en el ocaso, sus padres nunca supieron la verdad.

ELBALCONDEJUDAS


Al finalizar el siglo pasado, antes de que se erigiera nuestro actual campo santo en terrenos donados por el dueño de Pariajirca Alta, el manirroto español don José Gallo Diez, los mineros que transportaban sus mulas con el mineral para su tratamiento final en los ingenios de Pucayacu। La Quinua y San Miguel, conocían una enorme bocamina con incontables entradas, salidas y caprichosas conformaciones internas a laque le dieron el nombre de “El Balcón de Judas”।
El paciente trabajo de topos que los japiris realizaran al perseguir los mantos de plata, habían producido una serie de galerías con sus entradas y salidas que, ciertamente, semejaban regios aposentos con sus balcones oscuros. Por estar semi ocultas y a mucha distancia de la ciudad, hizo pensar a los galantes aventureros de entonces que podrían servir de escenario para sus saraos amatorios de mujeres, vino y canto.
Sin pensarlo dos veces, los más emprendedores reunieron a sus amigos más íntimos y cautos a fin de arrostrar la empresa. No les fue difícil. Reunieron una suculenta talega de doblones de plata que sirviera de sustento a la empresa “Adquirieron cómodos muebles,-camas sobre todo – vajilla lujosa, licores de la mejor calidad, abundantes provisiones de la más alta especie y todo lo que juzgaron necesario y, a lomo de mula lo transportaban al lugar de marras. Comprometieron a cuatro músicos de confianza de entre la murga de mineros bohemios y, ¡listo el pato!, Luego valiéndose de su extremada largueza y su fina labia, enrolaron a la más preciadas pelanduscas de los burdeles citadinos-Extranjeras preferentemente- y con todo eso; ¡A olvidarse del mundo!
Con el propósito de que la familia no se preocupara, informaban que como debían hacer un trabajo en el ingenio, demorarían más allá de una semana. Diciendo esto salió como si tal cosa.
El caso es que los ricachones y aquellos que por su investidura, cargo o posición social, no podían echar una cana al aire en la ciudad, llegado el día y la hora de la cita se reunían en el famoso “Balcon….
En la “sala”, el más grande espacio del laberinto, iluminado “algiorno” por gigantescas lámparas mineras, las parejas de tarambanas y mujeres guapas bailaban intima y románticamente al compas de bandurrias, violines, bandoneos y guitarras. El servicio de turno era muy activo; se bebía y se comía pródigamente ya que, para el caso, había una cocina bien equipada y provista de todo. Cuando la reunión se ambientada plenamente, las parejas se retiraban discretamente a sus “aposentos” interiores que no eran si no los caprichosos comportamientos de la cueva. La fiesta no decaía nuca ya que, por lógica sucesión. Estaban turnándose entre la “sala” y sus “alcobas”. No se vaya a creer que los músicos se dedicaban sólo a mirar no; también entraban a tallar mientras que cualquiera de los señoritos o señores los reemplazaba por amistoso turno.
La alegría y prodigalidad de las mozas, el enervante y rico licor y las reconfortantes comidas, lograban que estos barbaros pasaran encerrados en la cueva: seis, siete y ocho días, sin importarles el transcurso de las horas.¡¡Que tales jaranas!!...
Por su continuidad y boato, por la calidad de sus protagonistas y sus éxitos, las jaranas del “Balcón de Judas “pasaron a ser un secreto a voces. A cual mejor, los saraos se sucedían con cronométrica continuidad. Y si bien es cierto que todo lo que allí paso no podemos decirlo por razones obvias, se supo que de una de esas juergas no salió un hombre con la consiguiente intranquilidad de sus secuaces. Por más que se empeñaron en llamar y buscar, no lograron dar con él. Su desaparición era un misterio. La gente del pueblo –enterada al fin-estaba alarmadísima. Por fin, después de haberse tejido mil historias, todo quedo aclarado cuando lo encontraron exangüe en una bocamina de Algohuanusha.Lo que había ocurrido es que el galán, algo rendido, dejando a su pareja, había ido a dormitar un poco en su “Alcoba”, pero como estaba muy embriagado se metió por un pasaje que no correspondía a su destino y luego siguió avanzando en busca de la salida sin darse cuenta que se iba metiendo mas y mas. Después de cinco días, cuando todos lo daban por desaparecidos pudo ver una luz de una estrecha bocamina de “Algo Huanusha” y haciendo esfuerzos sobrehumanos salió para quedar fuera sin conocimientos. Mas Tardes aseguro que en un paquete de velas se cebó que tenía en uno de sus bolsillos le había servido como único alimento. El personaje de esta odisea fue don Rafael Marino Jumpe, quien – más tarde- victimó de un balazo a su mejor amigo en la sala del hotel universo.
Este conato de desaparición y el miedo que despertó en las chicas el establecimiento del Cementerio General y el posterior saqueo por el ejército chileno que removió la cueva, convertiendola en escombros en su búsqueda tesoros escondidos, sellaron para siempre la historia galante del “Balcón de Judas”, Después fue refugio de ladrones, una asquerosa letrina y actualmente lo han cubierto de desmonte donde viven los invasores.

TRES TOROS


Durante todo el día había buscado a sus ovejas. El Pastor no se explicaba como, en un ligero descuido, podían haberse hecho humo. No encontraba ni rastro por la pradera el lugar estaba como si hubiera comido la tierra era un silencio infernal daba la vista de un lugar a otro tratando de ubicar a los fugitivos , trepo un alto otero desde el cual se podía observar el silencioso paisaje de la Puna. Cansado por la búsqueda y de tanto frio que le causaba el silencioso paisaje se rindió por el cansancio y se entro a pernoctar en una caverna. Al día siguiente continuaría en la búsqueda .Arreglo sus ropas de lana en un rincón abrigado y comenzó a masticar su coca que acababa de revelarle que lograría encontrarlas a sus ovejas. Había transcurrido un tiempo apreciable cuando sorpresivamente vio que la cueva se iluminaba con un resplandor indescriptible.
¡Que hermosa estaba la noche!. El Cielo divinamente azul tachonado de incontables luceros y la luna estaba preciosa grande y redonda, lucían majestosamente. Todo el panorama nocturno podía contemplarse con asombrosa nitidez desde su alto observatorio.
Largo rato estuvo sumido en sus cavilaciones hasta que un rebufo descomunal lo volvió a la realidad. Miro hacia abajo y quedo asombrado. No era para menos lo que está frente a su vista .Iluminado por los rayos lunares, había aparecido un gigantesco toro blanco, cuya pelambré , albina y lustrosa, emitía reflejos centellantes. Frenético escarbaba el suelo con sus recias pezuñas blancas a la vez que emitía estentóreos bufidos.
Al poco rato, como aceptando el desafío del astado blanco, apareció un tostado y brillante como el anterior, en fiera actitud de lucha. Después de medirse cautelosamente y dar muchos rodeos, se trataron en una pelea salvaje, vesánica, embistiéndose recíprocamente, con los ojos brillantes como ascuas y entrecruzando sus astas como agudos puñales.
Estuvieron luchando bastante tiempo, salvajemente, desesperados y fieros hasta que, agitados por el supremo esfuerzo desplegado, el albino abandono la pelea y en estampida, bordeando la laguna de Yanamate, se introdujo en la cueva donde actualmente se halla el pueblo minero de Colquijirca.
EL Toro fiero de melena Anaranjada, dueño de la situación, quedo solo en medio del campo, aturreando colérico, escarbando el suelo y dando vueltas en aquel escenario, como un triunfado.
No había transcurrido mucho tiempo, cuando apareció sobre el escenario de la riña otro toro de enormes proporciones , tan grande como el tostado y en fiera actitud de ataque .Su piel, retinta y lustrosa, negra como la noche, brillaba como enorme diamante.Al verlo, el fiero tostado arremetió contra este y se trabaron en una lucha feroz, sin cuartel-Después de una encarnizada contienda en la que el choque de sus cuernos parecían sordas explosiones; el negro, sangrante y acabado y maltratado, abandono la disputa. Huyendo, se metió en una cueva donde actualmente se levanta el Pueblo de Goyllarisquizga.
Con la testuz invicta, el otro toro atezado de pelambre anaranjada, lanzo un bramido estremecedor y penetro en la cueva de donde había salido.
El Pastor conmovido, no salía de su asombro y cuando amaneció el día, corrió a su aldea y conto lo que había sucedido aquella noche. Al poco tiempo, hombres barbaros ,fueron llegando con herramientas y materiales de trabajo ante la mirada de asombro de la zona.
Es asi como se explica el nacimiento de las minas de plata de Colquijirca, de Carbón de Goyllarisquizga y de Cobre en el Cerro de Pasco-

LA LARGA AGONIA DE UN CAZADOR


Hubo en 1893 un cazador de venados y aves silvestres। Era tirador certero contra todos los animales sin amparo। Cazaba con ansia en la cordillera ”Nivapunta” en las a proximidades de Santa Ana de Tusi। Los animales salvajes tienen parajes elegidos para descansar y pasar sin que los ve los enemigos. Ocultamente saltan y brincan entre los pajonales mientras no ve el verdadero salvaje el hombre. Cuando el cazador persigue a balazos a una de las criaturas indefensos e inocentes, parece la madre naturaleza protesta y se enoja de haber dado a luz para el mal; tal vez, por eso las cordilleras llaman la lluvia para arrasar el mal tendencioso hombre.
“Yawar Caldo” era Jacinto Vergara, cazador pernicioso que no ha sabido respetar la vida de las tarugas y de otros animales indómitos. Tareas que el cumplía nada mas era recorrer las alturas del pueblo de Santa Ana de Tusi y sus cercanías; para la época entonces habían estancias con pocos almas.
En su último viaje a Nivapunta; ya concluida la subía, atisbada a todas partes como de costumbre, en algún punto debería ver un venado descuidado. En seguida se acercaba al cazador interrogándole a donde viajaba escopeta en mano. El objetivo de su trayecto detallo al anciano. El preguntón quiso saber algo mas del tirador. Este dijo. No tenía otra profesión que matar a balas las tarugas, las wachuas, los yanavicos y otros. Sobre el oficio abominable, la facha arrugada del anciano se cambio en mirada mustia. No duro la plática, el harapiento con la misma preocupación alzo la vista a un pendiente salpicado de piedra y arboles, aconsejándole que en la espesura debe parapetarse para acertar la puntería. Obediente acudió el sitio escogido.
Atento al disparo, permanecía sereno contra una taruga. Cuando en realidad vio salir por entre los arboles un venado gordo, convenció en efecto de las palabras del viejecito. Había en el cazadero, árboles quemados, piedras d todo tamaño que no permitía disparar repentinamente. Aguardo instantes contados ¡Ban,ban! Acabo con una inofensiva taruga. A carrera llego a rematarlo a pedradas; mas no encontró, se había redado a una hondonada quebrado los huesos .¡Arza carajo por fin te mate! Pero en un abrir y cerrar de ojos, el venado abaleado se convirtió al mismo anciano que le aconsejo matar. En ese momento se quedo pasmado viendo que de la boca salía sangre y orbitaba los ojos en señal de agonía.
Perpetro un homicidio sin represalia y sin ningún propósito; a consecuencia de la calamidad tuvo que alejarse cabizbajo del que yacía ensangrentado, para no ser responsable del crimen, arrojando su mejor escopeta a un abismo que lo acompaño en la casería.
De vuelta a la casa ya no atribuyo cazar ni musarañas. Arrepentido y desesperados pasaba las semanas y días sin la profesión. Apartarse del oficio para Yawar Caldo, constituyo naufragar en pena debilitante y agobiadora. No podía dormir sin victimara salvajes. Cada día añoraba de los cerros; que seguramente su espíritu habría quedado penando en el lugar del crimen, con la impresión que recibió instantáneo, como muchos de sus paisanos han imaginado.
La angustia y añoranza a los cerros lo postro a la cama a manera de enfermedad. En pocos meses, poco a poco se quedo en los huesos. En vano era la asistencia de buenos curanderos, quienes diagnosticaban mediante pulsos y jubeos.Al final conjuraron la muerte que ha de arrebatar en el futuro más próximo al criminal Yawar Caldo. Según los curanderos de antaño, había contraído la enfermedad que se conocían por el “Chachu”, de las fechorías y maldades que el había incurrido con quitar salvajemente la vida de los animales andinos; de los cuales, en sentido de represalia airada, las jircas,aukillos haciéndose al anciano, lo elimino de su terruño sagrado e intangible.
Creando sobresaltos en triste visitantes, comenzó a arrojar sangre por la boca, hablando en el momento palabras entrecortadas, que padecía cerrar los ojos por haber abaleado a mansalva a cuantos animales en Nivapunta. El espíritu de las jircas lo juzgaban de sus atrocidades delinquidas: en otro mundo, el malvado espíritu del cazador con los de jirca sostenían un pleito reñido ante el juzgado imparcial máximo, administrado por la Madre Naturaleza. Había ratos en que todos compadecían de su larga agonía; que le deberían plantar un puñal en cumplimiento a la ley “Quien a Hierro mata a Hierro muere”. Se descargaba su criminalidad sin poder la pata.
Tenían que aislarlo de la casa a otra ya aborrecido en extremo por todos los hijos y vecinos .De manera, por falta de manjar, el agua y de otros auxilios, dejo de existir en estado de ojos hundidos y músculos secados; todavía aseguradas las puertas de la casa con cerraduras de fierro; de la creencia que el muerto puede resucitar del sueño eterno a devorar a la gente ,ya con el nombre de condenado, de haber sido su espíritu condenado a la penitenciaria eterna, ordenando por el jefe de la justicia del animal y el hombre maléfico.
Por fin se fue a la muerte, atacado por el “Chachu” antes de la edad senil, calificado por el mas endemoniado criminal de las tarugas.

HUARMIPUQUIO


En los albores del Imperio Incaico, por los confines de la inmensa meseta del Bombón, centenares de cabezas de ganado vagaban por sus pastizales guiadas por las mujeres y los niños Yarovilcas; llamas, alpacas, huanacos, vicuñas… Entretanto, los hombres mayores, trashumantes por Jalcas, desfiladeros, valles, quebradas , abismos e inhóspitas cumbres, con flechas, lanzas y macanas en ristre, iban tras la huella de la caza nutricia y prodiga. Solamente algunos grupos, muy contados, conocían el beneficio del oro y la plata que trabajan a cielo abierto.Y mucho menos numerosos eran los artífices que trabajaban la orfebrería de estos metales.Estos confeccionaban joyas y adrnos incrustados de piedras preciosas como las sihuar (turquesas) umiñas (esmeraldas) y traídas de lejanas comarcas, las churumamas (perlas), para el aderezo de los vestidos del inca y la nobleza; vasos ceremoniales,mascaras, dijes, aretes y collares para el culto al Inti y otras divinidades.Todo esto eran enviados al Cusco desde tiempo de Pachacutec Inca.
Una de estas laboriosas tribus de pastores estaba al mando de un diligente cacique que se solazaba del cariño y respeto de su gente .Era un hombre joven de talla regular y robustos músculos acerados que hacían su figura esbelta y vigorosa. Peinaba su larga cabellera que le llegaba hasta los hombros y la arreglaba con mucho aliño ciñéndola con un “llauto” de gruesas cintas de hilo de vicuña de fulgurantes matices de colores, símbolos de su autoridad. Tenía la piel cetrina, amasada por el rigor de los vientos cordilleranos, el despiadado sol de las alturas y el frio riguroso de los crueles de los crueles inviernos.Iba cubierto de gruesas ropas de lana de alpaca, con manguilla y pelliza de paco y “shucuyes” de suave cuero del mismo animal sujetos con amarras resistentes que, por suavidad y fortaleza era el calzado obligado en estos parajes.Suponcho ,atado a la cintura, era la prenda infaltable.
Disfrutaba de a compañía de su gente y se sentía tan a gusto entre los niños pastores como ante los cazadores de mayor edad……Era afable, sencillo, laborioso. Conocía como pocos a los animales que había pastado y rastreaba con maestría taruca y venados como nadie. Sabia donde se escondían las vizcachas y como podía atrapar a los cernícalos carniceros. Su aguda inteligencia le permitía desempeñar con éxito el ejercicio del gobierno entre la gente de su tribu. Gozaba de excelente memoria fortalecida con una sutil y bien administrada capacidad de observación.
Un día que el sol iluminaba el solitario panorama de estas tierras , el cacique salió de caza. Había avistado una manada de robustas tarucas dirigiéndose al este, hacia los valles abrigados de arboles olorosos. Guiados por un ejemplar impresionante de fuerte comamenta, el hato avanzaba a paso lento triscando confiado la hierba verde y jugosa de la zona.
Deseoso de cobrar la pieza más grande , disparo un flechazo, pero erro. La gigantesca taruca olfateando el peligro había esquivado el dardo y la saeta apenas si pudo rozarlo .
Entonces presas de espanto ,los animales huyeron a campo traviesa. El Cacique al advertir gruesas gotas de sangre, decidió perseguir al herido.
Corrio mucho por un larguísimo trecho hasta que comenzó a sentir los estragos del cansancio. Sediento y agotado ,diviso un primoroso paraje de húmedo y fragante verdor alimentado por un puquial de aguas cristalinas y transparentes.Ancioso se inclino a beber y cuando estaba a punto de introducir sus manos para sacar el agua,quedo atonito de fascinación, sobre la diáfana ,superficie de la fuente se veía nítidamente el hermoso rostro de una muchacha nativa,Su mirada ,tierna y misteriosa le hizo estremecer.Nunca había visto una mujer tan bella.
-¿Tienes mucha sed?.- Pregunto la beldad nativa.Al hablar con tono arrobador, sus cariñosos labios dejaban ver sus blanquísimos y parejos dientes.
Si tengo mucha sed ,pero … me ha bastado mirarte para sentirme refrescado y satisfecho la voz del joven cacique era débil y trémula por la emoción.
-¡Me alegro!-Dijo ella mientras sonreía.
Y tu tan tierna y Tan bien parecida… ¿Quién eres?
-La fuente.
-¡¿la fuente?!
-Si.los dioses me han condenado a vivir confinada en este lugar.
Largos y lustrosos cabellos negros, apriosionado en dos trenzas, encerraban el semblante encarnado de la turbadora aparición. Su anatomía joven, sensual y majestuosamente proporcionada estaba cubierta en toda su mórbida extensión por un manto de lana escarlata llamado “acso” que, a la vez que la abrigada, moldeaba su cuerpo angelical. El manto estaba sujeto por varias vueltas de una larga faja bordada de vivísimos colores. Encima del “acso”, una clámide de albisima tersura con flores recamadas de admirables corolas: la lliclla, sujeto al cuello por un vistoso prendedor de plata llamado “tickpe”.
-¿Quiénes son tus padres preciosa doncella? –Interrogo el cacique.
-Mi padre es Libiac Cancharco,el trueno y mi madre es Yanamarán, la lluvia…
-¡Eres muy bella!....¡Cásate conmigo!.
-No puedo.
-¿Por qué?...
-Ya te he dicho, soy la fuente. Estaré eternamente cautiva en este lugar…
-¡Yo soy un cacique… ¡te libertare!.
-No podrías…
-¡Reuniré a todos mis hombres y con la ayuda de ellos guerrearemos contra sus carceleros!
-No podrás. No hay fuerzas que puedan lograrlo. Nuestros dioses han determinado que yo viva en las claridades del agua. Dando vida a los campos y a los animales…
-¡Es que yo te quiero!
-Yo también…
-Entonces… ¡huyamos!...
-Me es imposible… soy la fuente.
-Si fueras mujer… ¿Te casarías conmigo?.
-Si, pero ahora no puedo. Pertenecemos a mundos diferentes.
El cacique lo comprendió todo con profundo dolor.
Desde aquella vez, diarias se hicieron sus visitas a la fuente. Por las tardes, cumplidas sus tareas del día, llegaba al lugar y pasaba largas horas en compañía de la bellísima mujer que le había aprisionado en ese sentimiento dulce e indefinible del que ya no pudo desligarse. Así pasaron los meses de sol, de nieve y de viento. Y al no poder lograr el amor de aquella mágica aparición, se torno más nostálgico y taciturno.
Lentamente fue muriéndose de amor el jefe yarowilca.
Un día hallaron su cadáver a la orilla de la fuente en donde había brotado una hermosa flor encendida.
Aseguraron que en este remanso llamado Huarmi puquio (mujer manantial) ubicado en una verde depresión entre la Quinua y el Cerro de Pasco, cuando la luna irradia su palidez de gualda en las noches serenas, se ve a los jóvenes amantes emerger muy juntos y enamorados de las aguas cristalinas, libres de ataduras terrenales.
Ellos viven su felicidad en las profundidades del puquial inagotable y hermoso.

El MUQUI


Este era un minero que no obstante sus cuarenta años de agobiante trabajo en las oquedades mineras, no logrado reunir los fondos necesarios para vivir una vejez extenta de sobresaltos y privaciones। No tenía ni una casa propia, ni había podido ampliar su chacrita como lo habían hecho sus compañeros। La juventud no es eterna, se lo habían dicho tantas veces। Eso lo agobiaba tantas veces, Eso lo agobiaba terriblemente ।Tenía que encontrar una manera de mejorar su situación।Como sin todo lo pasado fuera poco. A su larga cadena de frustraciones vividas se le unía una serie de acontecimientos misteriosos e inquietantes. Al agudo dolor reumático, cada día más agobiante que agarrotaba sus manos; a la dureza acerada de sus paredes del “stop”, al salvaje trato de sus jefes, se acumulaba ahora un acontecimiento que lo tenía intrigado, Cada vez que se alejaba de su labor para cumplir cualquier mandado, a su vuelta encontraba revoloteado su hualqui y su coca derramada por los suelos .No podía comprender la razón de este desorden. Cuando preguntaban sus compañeros, estos negaban enfáticamente ser los actores de latrocinio y en el colmo de la desesperación con muchos de ellos llego a trompearse. Este hecho cada vez mas repetitivo lo convirtió en enemigo de los hombres que trabajaban con el, aislándolo completamente en un enervante mundo de soledad y silencio. Solo su silbo, armonioso y sentimental como el de los jilgueros silvestres, le hacían llevadero su aislamiento. Así las cosas, decidió investigar la razón de su intranquilidad; encontraría al culpable de los hurtos de su coca y cigarro.
Fingiendo ir a cumplir un encargo, abandonada su “Stop” a grandes trancos con su silbido agudo y retozón; y tras avanzar un gran trecho, silenciaba su silbo, apagaba su lámpara y retornaba en sigilo con el fin de sorprender al culpable. Muchas veces realizo esta maniobra sin resultado alguno. Una tarde, cuando el cansancio estaba a punto de doblegarlo, alcanzo a ver desde su escondite secreto, una pequeña luz que se acercaba. Espero conteniendo la respiración. Ahora si tendría que vérselas con el culpable que le había ocasionado muchos problemas. Después de un rato de espera, quedo con los ojos desmesuradamente abiertos .La luz que se acaba de ver provenía de una pequeña lamparilla como de juguete que pendía del casco de un ser diminuto y fornido den ojos brillantes de cuarzo y barbas alcaparrosa. ¡Era el Muqui!.Conteniendo la respiración al máximo espero que estuviera a su alcance y cuando lo tuvo a su vera, salto como un gato y con el chicullo que llevaba en las manos atrapo al gnomo misterioso, dueños de la minas.
-¡Te tengo carajo! –grito el minero. -Por suerte, nada más que por suerte – contesto la aparición sin hacer nada por desasirse de los poderosos brazos de su carcelero. - ¡sabes quién soy? …. -¡Claro,carajo?... ¡Eres el Muqui!....¡Eres el dueño de las minas …
Y ahí estaba el, diminuto gnomo, fornido y rubio con sus gesticulantes manitas regordetas. La cabezota unida al tronco sin trazas de cuello. Aprisionado por su protector de fibra ámbar, los hilos de oro de su cabello asomaban fulgurantes por los bordes de la prenda minera, Los pedernales de sus juguetones ojitos brillantes e inquietos, fijos en él, parecían querer saltar de sus orbitas, y su espesa barba de alcaparrosa, apretada y blanca, le daba un aspecto centenario. El muqui es el engreído de los Jircas- deidades eternas de la tierra – que le han otorgado poderes sobrenaturales. Logra aumentar o desaparecer la ley de los mineros en los socavones, por eso éstos siempre le llevan unas gotas sobre la tierra para que los Jircas y el Muqui comparten la bebida.
-¿Por qué me hiciste esas bromas tan pesadas que hasta me hicieron pelear con mis compañeros?... ¿Por qué Muqui?... ¿ah? … ¿Por qué?. -Quería que me encontraras y lo he logrado… -¿con que fin? … ¿que quieres de mi? … ¿Qué? …
-Tranquilízate. Solo quiero hacer un pacto contigo por que se que te conviene. Lo sea muy bien. -¿En qué consiste el pacto del que hablas?... -Uno muy sencillo que se que puedes cumplirlo. -¿sí? … -Como tu sabes, yo soy el dueño de todos los caudales de la mina y tengo amplios poderes sobre los minerales y la vida en la mina. Los Jircas me han concedido esa potestad; puedo ablandar las rocas del “stop” donde trabajas, convirtiéndolo en poco más que un pan de maíz y puedes sacar la cantidad que quieras. Es más, subiré la ley del mineral de tu “stop” para que tu producción sea más jugosa y ganes plata como “cancha”. No olvides que ahora los gringos pagan por avance de colectivo y puedes sacar mucha plata. Serás “marronista”. Podrás comprarte una regia casona en las calles de Pasco o de Lima o en Huánuco, donde desees. Obtendrás la cantidad de animales que quieras para llevarlos a tus terrenos. Es decir , serás un viejo rico y respetable …¿Qué dices?. -De acuerdo, de acuerdo, don Muqui .Eso es lo que necesitaba. Eso es lo que estaba buscando. -lo sé… lo sé… -La mirada impenetrable el gnomo de las minas lo producía enorme inquietud al minero; sobre todo ahora que lo miraba con una sonrisa entre burlesca y trágica. De repente se produjo el silencio.El minero presentía que todo ese ofrecimiento no seria gratuito; que detrás de todo habría alguna que cumplir. Intrigado, luego de hacer un acopio de fuerzas, se atrevió a pregunta -¿Todo a cambio de que Don Muqui?.
- Ahh , muy sencillo – contesto el hombrecillo – Yo, como todos los reyes del mundo, necesito de sirvientes que estén a mi cargo. Ellos deben estar aquí en las profundidades vagando por las galerías avisándome todo lo que acontece y cumpliéndose mis órdenes de premiar o castigar a los que osan entrar en mis dominios. Estos sirvientes son los jumpes, tú los conoces. Son almas en pena que deambulan por todos los ámbitos de mis propiedades cumpliendo mis órdenes. El caso es que periódicamente tengo que ampliar el número de lacayos. Cada año. Por eso, es recompensa por todo lo que yo te dé, tú me entregaras a un hombre al cumplir el año de nuestro pacto …¿de acuerdo?. -¿Un Hombre? … -Si un hombre. Un Hombre que se convierta en mi sirviente y será un jumpe vagabundo y eterno. Nadie sabrá de nuestro trato solo… tú y yo… ¿Qué dice?..... Ante el atroz precio que se vería obligado a cumplir por el bienestar que recibiría. Tembló de pies a cabeza. El minero podía ser de todo menos un asesino irresponsable; porque el hombre que entregara se convertiría en un fantasma a las órdenes del muqui, con una sempiterna condena de vagar por las galerías mineras. No, no. Todas sus fuerzas se revelaron y casi sin darse cuenta gritó ¡No!, Al instante, el Muqui como un pato bamboleante, se escabullo por las galerías. Eso fue todo, pero en ese instante, con un razonamiento que duró lo que dura el brillo de un relámpago, como recriminando por todas sus frustraciones acumuladas, considero que estaba perdiendo todo un caudal que bien podía sacarle de apuros y , sin pensarlo dos veces, comenzó a llamar al Muqui a grandes voces. En eso escucho a sus espaldas.
-¿sí?... -¡Aceptado, Muqui ,aceptado!. No sé cómo le voy hacer pero acepto. El próximo año, un día como hoy en este mismo lugar tendrás a tu hombre. -Ahora veo que eres sensato e inteligente. No podrías ser de otra manera: Eres minero. Habrías perdido todo por pequeños prejuicios desecharas las riquezas que te ofrezco… -No, no. El próximo año como hoy, tendrás aquí a un hombre para que hagas con él lo que quieras. –bien, está muy bien. Nosotros no necesitamos ningún documento firmado; basta nuestra palabra; palabra de minero. Ahora ve a gozar de tu fortuna en el trabajo y sus resultados que te irrogaran mucho dinero y felicidad… ¡Hasta el próximo año como hoy! … ¡No lo olvides! …
Así como lo había dicho el muqui, así sucedió. A partir del día siguiente, nuestro minero se convirtió en la estrella de los socavones. De su “Stop” durísimo sacó, como nadie, un abundante mineral de aquella semana le hizo recibir el triple que los campeones. Ingreso en el círculo de los privilegiados. Se convirtió en “marronista”, es decir, el hombre que recibía solamente billetes de cincuenta soles aquella vez tenían un color marrón y los fajos que entraban en las faltriqueras eran numerosas. No sólo eso, a donde fuera la suerte lo acompañaba .Sudaba como un descosido en aquella sauna atosigante del “Cuatrocientos Sur” en que el calor es tal que hay que trabajar en paños menores traspirando a mares. Él no lo sentía. También trabajó en aquellos heladeros en los que el frío era tremendamente impactante, abrigado con sus recias chompas de lana de llama y sus capotes impermeables; laboró en las galerías abandonadas en donde Las estalactitas de sulfato, a manera de cirios azules, adornaban las bóvedas mineras: se había hundido, casi sin sentirlo, en el asfixiante polvo perforista como experto jackmerista. Había entrado en todos los resquicios de los bovedones mineros saliendo de todos aquellos, triunfador y campante. Como enmaderador hacia prodigios con las corvinas, combas, serruchos y martillos, armando enmaderado soportable de las paredes mineras como si se trabaja con ligera madera de balsa y con aquellos pesados durmientes de troncos de montaña. En todos estos lugares, ante la sorpresa de todos, encontraba el mineral de alta ley en una abundancia proverbial. Nadie podía creerlo. Y los días de pago el “marronista” repletaba sus bolsillos teniendo cuidado de que una parte de sus ganancias sirviera para beber con sus amigos celebrando su buena suerte. D e esa manera compraba voluntades, acallando cualquier maledicencia.
A partir de entonces, también comenzó a zafar casas aquí y allá. No sabía ya ni qué cantidad de aposentos tenia. El número de sus ahijados se acrecentó porque no había sábado y domingo en los que no fuera el padrino de rigor. Para guardar las apariencias se hizo mayordomo en cofradías de Huamachuco y San Cristóbal. En todos cumplió con creces para la felicidad de feligreses. Aseguraba que las Santas cruces de cada capilla hacían el milagro. Su poder económico se agrandó cuando compro varias hectáreas de tierras en Huancabamba, en donde mandó a sembrar productos que en el mercado se vendían bien.
Sin que lo advirtiera, los días incansables y continuos fueron pasando mientras él, entre la barahúnda de su trabajo minero y los humos del licor de tanta celebración, no advertía nada. Como a nadie había revelado su secreto, nadie podía advertirle que el tiempo pasaba y que tenía que cumplir lo pactado. Así las cosas, los días y los meses, transcurrieron raudos.
-Un día como cualquier otro, el minero iba por una abandonada galería con su conocido chiflido alegre entre los labios, cuando de pronto se vio sorprendido por el Muqui.
-¿Aquí estoy cumpliendo nuestro pacto…. -¿Hoy? …. –Si, claro, hoy… ¡O … no recuerdas nuestro pacto de hace un año … Ah? … El minero quedo anonadado. No sabía que decir. Le aprecia que era ayer nomas cuando había formulado el pacto con el Muqui. Haciendo cuentas era verdad: había transcurrido justo un año. Sin tener un argumento válido trato de dilatar el plazo y , con un nerviosismo tremendo trató de conseguir otra oportunidad…… -Mira muquito, si me das un tiempito, yo te conseguiré el hombre que necesitas… -¡No! ¿Acaso no he cumplido mi parte del trato? ¿No has ganado como nadie en la mina? - Si,…. Sí es verdad pero… -¿Dónde está mi hombre, ah? … -En realidad, muquecito yo … -¡Nada!. Un trato es un trato. Tú un minero respetable, hiciste un pacto conmigo. Yo cumplí mi parte crees y ahora quiero que tu cumplas con la tuya. No tengo tiempo más … -Pero muquecito … -¡Nada cholo huevon! … He venido por mi hombre y no me iré con las manos vacías.
Al día siguiente, la mina era un manicomio. Nadie había visto salir al “marronista”. Los comentarios eran numerosos y variados. Los hombres no se explicaban en dónde podía haberse metido el diligente minero. Escudriñaron por todas las galerías, skipes, chimeneas, frontones; no dejaron rincón sin rastrear .Durante toda una semana buscaron al hombre que como nadie había producido en la mina; que como nadie con su silbido de alegría en los labios trabajaba sin cansarse. Jamás pudieron encontrarlo. Nadie podía explicarse el misterio de la extraña desaparición. Su mujer cansada de la espera, lió bártulos y partió a la montaña a vivir de sus chacras y animales; la acompañaba un hombre joven que las malas lenguas aseguraban era su amante. Poco a poco, a medida que pasaba el tiempo, se fue olvidando del diligente y suertudo minero. A veces, algún compañero asegura haber escuchado su triste silbo en medio de la oscuridad socavonera.