ELBALCONDEJUDAS


Al finalizar el siglo pasado, antes de que se erigiera nuestro actual campo santo en terrenos donados por el dueño de Pariajirca Alta, el manirroto español don José Gallo Diez, los mineros que transportaban sus mulas con el mineral para su tratamiento final en los ingenios de Pucayacu। La Quinua y San Miguel, conocían una enorme bocamina con incontables entradas, salidas y caprichosas conformaciones internas a laque le dieron el nombre de “El Balcón de Judas”।
El paciente trabajo de topos que los japiris realizaran al perseguir los mantos de plata, habían producido una serie de galerías con sus entradas y salidas que, ciertamente, semejaban regios aposentos con sus balcones oscuros. Por estar semi ocultas y a mucha distancia de la ciudad, hizo pensar a los galantes aventureros de entonces que podrían servir de escenario para sus saraos amatorios de mujeres, vino y canto.
Sin pensarlo dos veces, los más emprendedores reunieron a sus amigos más íntimos y cautos a fin de arrostrar la empresa. No les fue difícil. Reunieron una suculenta talega de doblones de plata que sirviera de sustento a la empresa “Adquirieron cómodos muebles,-camas sobre todo – vajilla lujosa, licores de la mejor calidad, abundantes provisiones de la más alta especie y todo lo que juzgaron necesario y, a lomo de mula lo transportaban al lugar de marras. Comprometieron a cuatro músicos de confianza de entre la murga de mineros bohemios y, ¡listo el pato!, Luego valiéndose de su extremada largueza y su fina labia, enrolaron a la más preciadas pelanduscas de los burdeles citadinos-Extranjeras preferentemente- y con todo eso; ¡A olvidarse del mundo!
Con el propósito de que la familia no se preocupara, informaban que como debían hacer un trabajo en el ingenio, demorarían más allá de una semana. Diciendo esto salió como si tal cosa.
El caso es que los ricachones y aquellos que por su investidura, cargo o posición social, no podían echar una cana al aire en la ciudad, llegado el día y la hora de la cita se reunían en el famoso “Balcon….
En la “sala”, el más grande espacio del laberinto, iluminado “algiorno” por gigantescas lámparas mineras, las parejas de tarambanas y mujeres guapas bailaban intima y románticamente al compas de bandurrias, violines, bandoneos y guitarras. El servicio de turno era muy activo; se bebía y se comía pródigamente ya que, para el caso, había una cocina bien equipada y provista de todo. Cuando la reunión se ambientada plenamente, las parejas se retiraban discretamente a sus “aposentos” interiores que no eran si no los caprichosos comportamientos de la cueva. La fiesta no decaía nuca ya que, por lógica sucesión. Estaban turnándose entre la “sala” y sus “alcobas”. No se vaya a creer que los músicos se dedicaban sólo a mirar no; también entraban a tallar mientras que cualquiera de los señoritos o señores los reemplazaba por amistoso turno.
La alegría y prodigalidad de las mozas, el enervante y rico licor y las reconfortantes comidas, lograban que estos barbaros pasaran encerrados en la cueva: seis, siete y ocho días, sin importarles el transcurso de las horas.¡¡Que tales jaranas!!...
Por su continuidad y boato, por la calidad de sus protagonistas y sus éxitos, las jaranas del “Balcón de Judas “pasaron a ser un secreto a voces. A cual mejor, los saraos se sucedían con cronométrica continuidad. Y si bien es cierto que todo lo que allí paso no podemos decirlo por razones obvias, se supo que de una de esas juergas no salió un hombre con la consiguiente intranquilidad de sus secuaces. Por más que se empeñaron en llamar y buscar, no lograron dar con él. Su desaparición era un misterio. La gente del pueblo –enterada al fin-estaba alarmadísima. Por fin, después de haberse tejido mil historias, todo quedo aclarado cuando lo encontraron exangüe en una bocamina de Algohuanusha.Lo que había ocurrido es que el galán, algo rendido, dejando a su pareja, había ido a dormitar un poco en su “Alcoba”, pero como estaba muy embriagado se metió por un pasaje que no correspondía a su destino y luego siguió avanzando en busca de la salida sin darse cuenta que se iba metiendo mas y mas. Después de cinco días, cuando todos lo daban por desaparecidos pudo ver una luz de una estrecha bocamina de “Algo Huanusha” y haciendo esfuerzos sobrehumanos salió para quedar fuera sin conocimientos. Mas Tardes aseguro que en un paquete de velas se cebó que tenía en uno de sus bolsillos le había servido como único alimento. El personaje de esta odisea fue don Rafael Marino Jumpe, quien – más tarde- victimó de un balazo a su mejor amigo en la sala del hotel universo.
Este conato de desaparición y el miedo que despertó en las chicas el establecimiento del Cementerio General y el posterior saqueo por el ejército chileno que removió la cueva, convertiendola en escombros en su búsqueda tesoros escondidos, sellaron para siempre la historia galante del “Balcón de Judas”, Después fue refugio de ladrones, una asquerosa letrina y actualmente lo han cubierto de desmonte donde viven los invasores.

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