ME COMO DOS



Era un minero cerreño que se había casado con una mujer muy hermosa pero muy haragana, terca como golosa. La única aspiración de esta ociosa era pasarse las horas tiradas de largo a largo sobre su cama mientras su marido trabajaba hasta el agotamiento en las profundidades de la mina.

Una mañana que el minero se alistaba para irse a trabajar, le dijo a su mujer:
-Tengo muy poco tiempo .Prepárame el desayuno.
-Está bien- respondió bostezando la mujer- pero como no hay sino tres huevos en la casa, uno preparare para ti y dos serán para mí.
- ¿Eso no es justo!-Protesto el minero- ¡yo soy el que más esfuerzo hace al trabajar así que necesito comer mas !
-¡¿Y yo… que?!-Replico a la desidiosa mujer- yo me paso el día cuidando y limpiando la casa. ¡Me corresponde comerme dos!...

La discusión se avivo entre gritos, cada uno quería hacer prevalecer su opinión hasta que , en el colmo dela desesperación, la mujer afirmo: - ¡Si yo no me como dos, me enfermo!- respondió el minero-¡Haz lo que quieras pero yo me como los dos porque me corresponden!.

La obstinada mujer se metió en la cama y permaneció varios días sin probar alimentos con sola intención de comerse los dos huevos. Tan ofuscada se puso que, a la semana, casi cadavérica se mostraba lánguida y moribunda.
Mujer- le dijo el minero – ya estás muy enferma y puedes morirte. Si sigues asi te van a poner los santos oleos ¡levante!.
-¿Pero, me como dos?- Respondió la mujer débilmente. – No- replico el minero - ¡los dos son míos!
Entonces que me pongan… los santos oleos- dijo la mujer.

Trajeron al cura del pueblo que lo confeso y le puso los santos oleos. Ante la porfía del minero, la mujer se fingió muerta y el marido sin dar su brazo a torcer trajo el ataúd y cuando ya estaban por introducirla en él, el minero aprovechando que los acompañantes lo habían dejado solo, le dijo al oído: -Oye, que no sea testaruda, que te vamos a llevar al campo santo.- Pero…¿Me como dos? – No!
-Entonces que me llevan al cementerio. Dijo la mujer.

Malhumorado el minero, cerró el féretro y con los acompañantes que ignoraban el litigio, la llevaron al camposanto. Ya al borde de la Fosa, fingiendo que lloraba, el minero pregunto muy quedo al oído de su mujer: Mira testaruda que te vamos a enterrar…

Pero ¿me como dos?.El minero en el colmo de la desesperación, le dijo;¡Esta bien comete dos!
Entonces la mujer, acumulando las pocas fuerzas que le quedaban y arrojando muy lejos de si la tapa del ataúd, incorporándose, grito:
¡Me como dos! …¡Me como dos!-

Las personas que acompañaban en el entierro y que no sabían lo que el minero y su mujer litigaban, al oír el grito de:” me como dos”, creyeron que la mujer se había condenado y querías devorara a dos de sus acompañantes, por lo que, salieron despavoridos, y huyeron del cementerio en todas las direcciones posibles.

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